Viene Mashíaj - La única web en español sobre la llegada del Mashiaj.
El objetivo de la vida, hacer de este mundo una morada para Di-s. La llegada del
Mashiaj es uno de los 13 principios de fe del pueblo judío. El Rebe de Lubavitch
ha anunciado lo inminente de este fenómeno y está en nuestras manos lograrlo. ¿Como? Estudiando sobre el Mashiaj y la Gueulá. Creada y editada por
Centro Leoded - Jabad Argentina
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El patriarca Abraham hace 260 años en una isla perdida del mar Egeo

El pacto de Abraham
Leonardo Ariel Fogel
Wolf Kitzes fue uno de los seguidores más devotos y leales del Baal Shem Tov. Sentía una ardiente aspiración por visitar Israel, pero trataba de dejar a un lado este anhelo suyo pues no quería abandonar a su santo Rebe. Sin embargo, esta añoranza por la Tierra Santa no lo dejaba en paz, de modo que, finalmente, decidió contarle a su Rebe acerca de ella. El Baal Shem Tov escuchó cuidadosamente a Wolf y le respondió pensativamente: "Todavía no debes ir". La respuesta del Baal Shem Tov era suficiente para Wolf y éste no dijo una palabra más. Después de un tiempo, sin embargo, se sintió nuevamente perseguido por esta insaciable sed por la Tierra Santa, sed que lo empujó a preguntar una vez más al Baal Shem Tov si podía ir. El Baal Shem Tov seguía sin darle permiso para ir, y sin su consentimiento Wolf no haría nada, fuera importante o no; y viajar a Ja Tierra Santa, no era, sin duda, una cuestión menor. Wolf dejó pasar cierto tiempo antes de traer el tema nuevamente ante el Baal Shem Tov. En esta oportunidad, para alegría de Wolf,
el Rebe le dio su aprobación para que iniciara el largo y difícil viaje. Antes de partir, el Baal Shem Tov le dijo: "Si alguien en tu travesía a Tierra Santa te hace una pregunta, piensa cuidadosamente antes de responder". Wolf Kitzes empacó su talit y sus tefilín, así como toda otra cosa que creía que pudiera llegar a precisar para el largo viaje. M poco tiempo, abordaba el primer barco que partía rumbo a la querida Tierra Santa, Eretz Israel. El viaje por mar a Eretz Israel, en aquellos días, duraba varias semanas. Cada vez que llegaba a una isla, el barco amarraba en el puerto para abastecerse de alimentos y demás suministros necesarios. Cierto día el barco echó anclas en una de esas islas. Todos los pasajeros desembarcaron, también Wolf Kitzes. Cuando llegó el horario de Minja, Wolf encontró un lugar tranquilo y comenzó a rezar. Tanto se sumió en sus pensamientos y plegarias, que no oyó que la sirena del barco llamaba a los pasajeros para que regresaran, de modo que se pudiera continuar viaje. Cuando Wolf alzó por fin la vista, se dio cuanta muy pronto qué era lo que había sucedido. El barco desaparecía a la distancia, y él había quedado atrás... También los isleños, que habían venido a recibir al barco, desaparecieron, y de pronto Wolf se encontró muy solo en esta remota isla. "No te aflijas", se dijo a sí mismo. "Ten fe en el Todopoderoso. El no te abandonará y todo terminará bien". Wolf siempre había cuidado su costumbre de no ir a ninguna parte sin tener su talit y sus tefilín consigo. Esta buena costumbre lo había favorecido esta vez, pues tenía su talit y sus tefilín en una bolsa que colgaba de sus hombros. Sentía que éste era un buen presagio. Sintiéndose alentado, comenzó a caminar buscando a alguien, a algún judío, en esta isla desconocida. Pero no había señal alguna de seres humanos. El sol comenzaba a ponerse, pronto sería de noche, y aquí estaba él, solo en esta isla extraña. De repente, mientras se aproximaba a un bosque, vio una tenue columna de humo alzándose al cielo. Eso le dio las esperanzas de que no muy lejos hallaría una casa. No parecía haber camino o sendero a seguir, pero Wolf se abrió paso entre los árboles hasta llegar a una pequeña cabaña. Golpeó de inmediato a su puerta y se sintió dichoso y aliviado al ver que ésta era abierta por un anciano judío de aspecto digno y refinado que lo saludaba con un cálido Shalom Aleijem. Wolf suspiró. Gracias a Di-s estaba ahora fuera de peligro. Contó al judío lo que le había sucedido y su anfitrión le aseguró que no había razones para temer. La isla no estaba desierta. Había gente que vivía en ella, aunque no mucha. En verdad, él era el único residente judío y de hecho no se quedaría allí por mucho tiempo. "Los barcos pasan por aquí regularmente", dijo. "La isla pertenece a Turquía, y un oficial turco y sus soldados se ocupan de que se mantenga libre de ladrones y piratas. No te preocupes, Wolf', continuó, "pronto pasará por aquí un barco en ruta a Eretz Israel y podrás continuar tu viaje. Mientras tanto, el Shabat se aproxima y eres más que bienvenido como mi huésped". Wolf se sentía dichoso con esta inesperada buena suerte. Se preguntaba por qué su anfitrión, que obviamente era un judío estudioso y temeroso de Di-s, vivía aquí sin familia y, además, conocía su nombre. Pero no se atrevió a hacerle preguntas. El Shabat pasó muy placenteramente. Wolf había recibido toda a tensión y hospitalidad imaginable. Tanto él como su anfitrión habían pasado el día en plegaria y estudio de la Torá y sostenido una vívida discusión de Torá en cada una de las tres comidas sabáticas. Al día siguiente, en efecto, un buque entró al puerto y Wolf agradeció a su generoso anfitrión su inmensa bondad. Justo antes de partir, el anfitrión dijo a Wolf: "Tú has viajado a través de Rusia y Polonia. ¿Cómo viven allí los judíos en el Galut (Exilio)?" "Baruj HaShem, gracias a Di-s, el Todopoderoso se ocupa de ellos".  Wolf ya había abordado el barco cuando de pronto recordó, lo que el Baal Shem Tov le había dicho que pensara cuidadosamente antes de responder cualquier pregunta que alguien le formulara en su camino a Eretz Israel. Estaba terriblemente apenado al pensar que había olvidado el consejo de su Rebe y había contestado a su anfitrión sin la debida reflexión. De modo que decidió que en el puerto siguiente desembarcaría y esperaría al próximo barco que lo llevara de regreso junto al Baal Shem Tov.
Algunas semanas después Wolf se presentaba ante su Rebe, el Baal Shem Tov. Luego de saludar a su devoto jasid con Shalom Aleijem, el Rebe le preguntó: "¿Has hecho como te aconsejé?" Wolf contó al Baal Shem Tov todo lo que había sucedido y que precisamente porque había olvidado el consejo del Rebe había regresado de inmediato. Ahora preguntaba humildemente cómo podía corregir su error. El Baal Shem Tov le contestó: "Ya has pagado tu error al volver a casa sin ver la Tierra Santa, aun cuando estabas tan cerca de ella. Sé cuán difícil te fue eso. Ahora puedo contarte cuál era la cuestión". "Nuestro patriarca Abraham se había quejado a Di-s por la situación de sus hijos y le había preguntado por qué los había tenido tanto tiempo en el Galut haciéndolos sufrir demasiado en el Exilio. "A ello respondió el Creador: 'No es tan terrible. No sufren tanto en el Exilio. Si quieres una prueba, pregúntale a un judío que jamás miente y escucha lo que él dice. Ese judío es Wolf Kitzes. El sólo dice la verdad'" "De modo que se dispuso que nuestro patriarca Abraham fuera tu anfitrión... y el resto ya lo conoces. Si lo hubieras pensado bien, y hubieras agregado un par de palabras diciendo cuánto afloran los judíos la venida del Mashíaj y cuán ardientemente rezan a Di-s tres veces al día, implorando "Que nuestros ojos contemplen Tu retorno a Tzión con misericordia", quién sabe... quizás el Mashíaj podría ya haber estado acá.


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