Durante el último medio siglo, parecía que el objetivo de los ingenieros alimentarios era que comiéramos cada vez más alimentos cada vez menos saludables. En todos los supermercados, nos ofrecen una amplia gama de delicias deliciosas hechas de azúcares, harinas refinadas y aceites, todo ello con envases atractivos, una publicidad agresiva y precios que fomentan la adicción.
Pero, finalmente,



















