Viene Mashíaj - La única web en español sobre la llegada del Mashiaj.
El objetivo de la vida, hacer de este mundo una morada para Di-s. La llegada del
Mashiaj es uno de los 13 principios de fe del pueblo judío. El Rebe de Lubavitch
ha anunciado lo inminente de este fenómeno y está en nuestras manos lograrlo. ¿Como? Estudiando sobre el Mashiaj y la Gueulá. Creada y editada por
Centro Leoded - Jabad Argentina

28 de Nisan - El Rebe de Lubavitch

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Pesaj no es solo historia antigua, es también un fenómeno de la actualidad

El exilio que sufrió el pueblo judío en Egipto y la posterior redención de allí, constituyen la raíz de todos los exilios y redenciones de los judíos a lo largo de la historia, incluso, de nuestro actual exilio y la futura Redención a través del Mashíaj. Así, los sucesos que precedieron al Exodo de Egipto son el modelo a seguir por nosotros ahora, en vísperas de la inminente llegada del Mashíaj. La Torá cuenta que Di-s ordenó a los judíos, días antes del Exodo de Egipto, que tomaran un cordero el día 10 de Nisán, lo tuvieran en sus hogares durante algunos días, y luego, el 14, lo ofrendaran como sacrificio de Pesaj.¿Con qué objeto había que tomar este cordero el día 10 de Nisán si de todos modos éste sería ofrendado recién cuatro días después?.
Nuestros Sabios explican que esta ordenanza perseguía el propósito de despertar la curiosidad de los egipcios, al ver los corderos en poder de los judíos, preguntarían por qué los tenían en sus casas y los judíos les responderían, sin temor: “Estamos manteniendo este cordero aquí para faenarlo y ofrecerlo como sacrificio a Di-s”.Los egipcios rendían culto al cordero. Este era su deidad idólatra (como bien se observa en las palabras de Moshé al Faraón: “¿Acaso podemos sacrificar... sin que ellos nos apedreen?”). No obstante, Di-s exigió que el cordero fuera mantenido en las casas de los judíos durante cuatro días, y que las preguntas de los egipcios fueran respondidas con franqueza y abiertamente, diciendo: “¡Lo degollaremos y ofrendaremos a Di-s!” Esta firmeza interior y la abnegada entrega por parte de los judíos para dar cumplimiento a la Voluntad de Di-s (mesirut néfesh) sin temor a los egipcios, fue lo que produjo finalmente la redención y Exodo de Egipto. Nuestro Sabios, así, cuentan que cuando llegó el momento del Exodo los judíos estaban “desnudos (desprovistos) de mitzvot” que ameritaran salvarlos, como está escrito: “...mas tú estabas desnuda y descalza”; y de hecho, incluso se blandía contra ellos, en el Cielo, la acusación de que “tanto estos (los hebreos) son idólatras y aquellos (los egipcios) son idólatras” intentando entorpecer su liberación. Por eso les dio Di-s la mitzvá del korbán Pesaj y en mérito de esta mitzvá (sumado al mesirut néfesh implícito en su cumplimiento) el pueblo de Israel fue redimido de Egipto. Respecto de la Redención futura, la profecía declara: “Como en los días de tu salida de Egipto Yo os mostraré maravillas”. Esto significa que el Exodo de Egipto sirve de modelo para la futura Redención. Cuando la Torá nos ofrece una analogía, ésta es exacta y se corresponde con el objeto de ésta en todos sus detalles. Así es también en nuestro caso: Las mismas condiciones que produjeron el Exodo de Egipto, ellas mismas son las que forjarán asimismo la futura Redención. Tal como la salida de Egipto fue el resultado de la firmeza interior y el mesirut néfesh, del mismo modo la futura Redención llegará por medio de nuestra actitud de fortaleza interior y mesirut nefesh. Si todas las mitzvot deben cumplirse con determinación y firmeza interior, con más razón debe observarse así ciertamente la mitzvá de Ahavat Israel (el amor al prójimo judío), que constituye el principio fundamental de toda la Torá, debe cumplirse con entereza y vigor, sin dejarse amedrentar por ninguna persona que pretenda “enfriar” el ardoroso amor de un judío por su semejante. La causa del presente exilio diaspórico es la falta de amor al prójimo; al comportarnos afectuosamente con nuestros pares y juzgándolos siempre para bien, revocamos la causa originaria del exilio y aceleramos la Redención. La mejor manera de llevar ese amor al prójimo de la teoría a la práctica concreta es tratando de devolverlo a la genuina forma de vida judía. Por lo tanto, debemos hablar con nuestro prójimo judío y dedicarnos a él, interesándolo acerca de la Torá y sus mitzvot. Si nuestras palabras no surten efecto en la primera oportunidad, habrá que intentarlo otra vez. No debemos dejarnos impresionar por una reacción antagónica. Por el contrario, la actitud antagónica evidencia que el oyente lo tomó en serio y efectivamente se vio afectado. Por lo tanto debemos continuar hablando con él una y otra vez hasta lograr su total receptividad. Esto debe hacerse con determinación. Por cierto, para ser escuchado es preciso hablar de un modo cordial y amable (como solía decir mi suegro, el Rebe anterior, “no hay que ‘arrancar’ la nariz al otro”) pero, al mismo tiempo, se le debe hablar con firmeza. Si lo hacemos con determinación y compostura, con certeza tendremos éxito.Y si inicialmente no se tiene el éxito esperado, la persona que habla debe saber que la falta no es del otro sino la suya propia. La otra persona es buena, pero como sus propias palabras dichas no “surgieron del corazón”, en consecuencia no “entraron al corazón del otro”. De pasar esto, ¡se debe recitar un capítulo de los Salmos y rezar a Di-s para que las palabras sean unas que “surgen del corazón”, de modo que, a su vez, seamos privilegiados con ver que éstas “entran en el corazón”!.En el momento del Exodo, el enérgico rechazo de los judíos por no verse afectados por los egipcios, fue lo que produjo su salida de allí, llevando consigo también el oro y la plata de los egipcios. Los egipcios terminaron en el fondo del mar y “no quedó de ellos sino uno solo”, e incluso este único sobreviviente, el Faraón, terminó en Ninvé donde sufrió aún más. Lo mismo es válido para el día de hoy. Si actuamos con vigor y mesirut néfesh y no nos dejamos afectar por el mundo que nos rodea, todos nuestros adversarios resultarán neutralizados y la futura Redención llegará pronto en nuestros días.



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