El Zohar en la Parshá Ki Tavo nos cuenta una historia fascinante de una de las épocas más difíciles para el pueblo judío, cuando el Rebe de entonces, Rabí Shimon bar Iojai, Rashbi, estaba ausente. O, para ser más precisos, no se le veía.
Rashbi se escondió en una cueva tras huir de los romanos. El resto de los sabios se encontraban en el Beit HamMidrash. Eran hombres de gran eminencia, cada uno capaz incluso de resucitar a los muertos, y estaban acostumbrados a escuchar las enseñanzas de Rashbi. Pero Rashbi estaba escondido.
Él y su hijo, Rabi Elazar, permanecieron en la cueva durante 13 años y el profeta Eliahu venía y les enseñaba la Torá. No tenemos información sobre lo que ocurrió exactamente durante esos 13 años de ausencia de Rashbi en el Beit HaMidrash, ni cómo se las arreglaron los sabios sin su Rebe, pero sí tenemos una historia asombrosa.
Un día, uno de los sabios (el Ramak dice que fue Rabí Iehuda bar Ilaí) dijo: "Recuerdo algo que nuestro Rebe nos enseñó una vez". No había en aquel tiempo libros de charlas del Rebe, ni libros de sus cartas sagradas, sino que él recordaba algo que su Rebe les había enseñado.
Dijo que Rashbi había dicho que las maldiciones aparecen dos veces en la Torá y se relacionan con la primera y la segunda destrucción del Beit HaMikdash. En las maldiciones que aparecen en la Parshá Bejukotai, que corresponde a la primera destrucción, la Torá también promete que Hashem recordará su pacto con Iaakov, etc. Pero en las maldiciones de la Parshá Ki Tavo, que corresponden a la segunda destrucción, no hay promesas ni garantías de consuelo. Uno podría pensar que no habría Redención después de la destrucción del segundo Beit HaMikdash.
Rabí Iehuda bar Ilaí intentó explicarlo, al igual que los sabios, pero fue en vano. Esto los entristeció profundamente. ¿Qué pasaría con la Redención?
El primer Beit HaMikdash fue destruido y setenta años después, se construyó el segundo. Pero ahora habían transcurrido cien años desde la destrucción del segundo Beit HaMikdash y no había salvación ni esperanza en el horizonte.
Rabí Iehuda bar Ilai lo tomó muy a pecho y dijo: "¡Ay de nosotros por la ausencia de Bar Iojai! Lo extrañamos y nadie sabe dónde está, e incluso si alguien lo supiera, no se le permitiría revelarlo".
Su joven hijo, Rabí Iosi, lo tomó con mucha tristeza. ¿Qué será del Mashíaj? ¿Cuándo ocurriría la Redención? Al ver que su padre estaba afligido, él también se afligió y decidió hacer algo al respecto.
Se levantó por la mañana, probablemente corrió a la Mikve y luego escribió su pregunta para Rashbi: "Rashbi, le dijiste a mi padre que la Parshá Ki Tavo contiene las maldiciones sobre el segundo Beit HaMikdash, así que, ¿cuándo vendrá el Mashíaj?".
Por supuesto, no sabía la dirección de Rashbi, así que salió del Beit HaMidrash y esperó. Vio una paloma volar tras una bandada de pájaros y dijo: "Paloma, paloma, es apropiado que vayas a enviarme un recado para Bar Iojai, dondequiera que esté".
La paloma tomó la nota, voló cientos de kilómetros y se la llevó a Rashbi, quien estaba recitando el Shemá y no pudo en ese momento recibirla. La paloma se la dejó en la esquina de su manto.
Cuando Rashbi leyó la nota, lloró. ¡Era la primera vez en trece años que Rashbi lloraba! Trece años escondido en una cueva, sufriendo terriblemente como describe la Guemará, comiendo algarrobas (o dátiles) y con heridas por todo el cuerpo causadas por la arena. Era una existencia miserable, tanto física como espiritualmente; estaba lejos de sus compañeros y no podía rezar en una sinagoga con otros judíos, etc. ¿Pero por qué lloraba? Por la nota enviada por el joven Iosi, quien más tarde se convertiría en Rabí Iosi.
Primero, lloraba por no estar con sus compañeros en el Beit HaMidrash. Segundo, le dolía la preocupación por el exilio y la Redención. Lloraba "por aquellas cosas que no les han sido reveladas". ¿Qué harán las generaciones futuras cuando lean estos versículos? Será lamentable para las generaciones futuras que digan que no hay Mashíaj porque en la Parashá Ki Tavo se enumeran las maldiciones y no hay un Besorat HaGueula (Anuncio de la Redención) que venga a continuación.
En este punto, el Zohar describe lo que sucedió en el Cielo. Hashem envió al profeta Eliahu para apaciguar a Rashbi. Eliahu estaba ocupado en asuntos celestiales, pero Hashem le pidió que interrumpiera lo que estaba haciendo para que fuera a consolar a Rashbi.
Eliahu se le apareció a Rashbi y le explicó dónde se encuentra el Anuncio de la Redención (Besorat HaGueula) en la Parshá Ki Tavo. Búsquenlo para leerla completa. Aquí solo les daremos un resumen de lo que dijo Eliahu.
Dentro de cada cosa mala hay algo bueno. Lo que les parece una desgracia es en realidad una buena noticia. Lo que les parece una guerra contiene el Anuncio de la Redención. Si hay una enfermedad, es buena, porque revela la fortaleza de la persona para afrontarla. Si hay pobreza, es buena porque los ricos pueden ayudar a los pobres.
Así, Eliahu explicó cómo todos los versículos de Ki Tavo son en realidad el Anuncio de la Redención mismo, y que solo se necesita ir más allá de lo superficial para descubrir lo bueno que hay en su interior, para aprender jasidismo y descubrir el Anuncio de la Redención en todo.
Cuando Eliahu terminó de revelar la Redención dentro de las maldiciones, Rashbi quiso enviar un mensaje a sus colegas y estudiantes, se sentó al atardecer y redactó su respuesta. La paloma vino y
la tomó.
Iosi, el joven que escribió la nota a Rashbi, esperó todo el día el regreso de la paloma. ¡Era un creyente! El Ramak dice asombrado: ¡Este muchacho es quien trajo al profeta Eliahu ante Rashbi, quien le trajo el Anuncio de la Redención! ¡Solo un niño! Cuando vio la paloma, dijo: "Paloma, ¡qué fiel eres, entre todas las aves del cielo!". Tomó la nota y corrió al Beit HaMidrash, donde estaban los sabios. Les contó la historia y quedaron estupefactos. Llevamos trece años esperando a nuestro Rebe y no lo vemos, ¡y en cuanto escribes una nota, recibes respuesta!
Su padre, el rabino Iehuda bar Ilai, lloró y dijo: "Aunque no sabemos dónde está, dondequiera que esté Ben Iojai, sus compañeros están con él, y se inspiran en él y aprenden de él".
Podemos aprender mucho de esta historia: Sobre la fe en la Redención que todos debemos tener, sobre el anhelo de saber cuándo ocurrirá la Redención; sobre el anhelo de un niño pequeño por la Redención, hasta el punto de hacer algo para averiguar cuándo sucederá. También podemos aprender del anhelo de los alumnos y jasidim de estar con su Rebe, de que su Rebe les enseñara la Torá, y también, de cuánto anhelaba su Rebe estar con sus alumnos y jasidim, de modo que todo su sufrimiento no le hacía llorar, sino su anhelo por ellos. Y especialmente después de haberles informado sobre el fin del exilio,
seguramente quería estar con ellos para ver su Anuncio de la Redención realizado.
Traducido Moshiach ExpressWay 358
