Un chiste judío común es que nuestro pueblo tiene tres festividades: Sucot, cuando hay poco espacio para comer, Pesaj, cuando el suministro de alimentos es escaso, y Shavuot, cuando casi no hay tiempo para comer...
Bromas aparte, Shavuot es de hecho el único Iom Tov que dura un solo día [en Israel], a diferencia de Sucot y Pesaj, que duran una semana. Si bien, cuando el Gran Templo existía, a pesar de que en Shavuot, se daba un período de una semana para traer las ofrendas de la festividad, en equivalencia a Sucot y Pesaj, sin embargo, la festividad en sí, incluso durante la época del Gran Templo, no duraba más de un día.
Resulta que si el alma desea "comer", es decir, tener provecho de los beneficios espirituales especiales y sin igual de esta festividad, no dispone de mucho tiempo. El tiempo es muy corto y hay que aprovecharlo al máximo para no perdérselo.
Para adecuarnos a este único y especial día, nos preparamos durante siete semanas. Desde Pesaj hasta Shavuot se cuentan cuarenta y nueve días del Omer, un conteo cuya esencia interior es una preparación espiritual para la festividad de la Entrega de la Torá, que es pequeña en tiempo pero muy grande en calidad.
De manera similar a nuestros antepasados que salieron de Egipto y contaron los días hasta el ansiado momento de recibir la Torá, nosotros también contamos los días cada año hasta el momento de recibir la Torá. Cuando estamos en la sinagoga en Shavuot y escuchamos la lectura de los Diez Mandamientos, vivimos de nuevo realmente el evento del Monte Sinaí. No sólo experimentamos un sentido de conexión con lo que sucedió hace tres mil trescientos treinta y siete años, sino que recibimos la Torá de nuevo aquí y ahora.
Es decir: la Torá es la que nos transforma en elegidos y elevados por sobre toda la humanidad. Por medio de ella, pertenecemos exclusivamente al Creador y Conductor del mundo, como decimos en las plegarias de las festividades: "Y nos santificaste con tus Mitzvot". Con la Torá y las Mitzvot, Hashem nos santifica en un sentido matrimonial [Santificar y matrimonio son la misma palabra en hebreo]. En el primer Shavuot, nos convertimos en su cónyuge, -si se puede decir-, y cada año en este día se nos da la oportunidad de conectarnos de nuevo realmente con nuestro cónyuge, con todo lo que esto implica.
Por esta razón, el Rebe de Lubavitch, ER"M, llama a todos los judíos a acudir a la sinagoga en Shavuot y traer incluso a los bebés recién nacidos para escuchar los Diez Mandamientos. Esta es una oportunidad sublime, que se da una vez al año, para fortalecer el vínculo de nuestras almas con nuestro Padre Celestial, y no debemos permitirnos perderla.
El hecho de que cada año ampliemos y mejoremos nuestra conexión con el Creador demuestra que la conexión aún no ha alcanzado su punto máximo. Los sabios explican que el vínculo de la Entrega de la Torá es como el vínculo del compromiso de los novios. Un compromiso en el sentido correcto es un vínculo real que impone a la novia la prohibición de casarse con otra persona sin recibir un guet de su novio, pero sin ser esto aún un matrimonio real. El vínculo entre el pueblo de Israel y Hashem, aún no se ha completado plenamente.
Los sabios dicen que la Redención completa, es el matrimonio. Entonces, cuando el Creador, a través del Mashíaj, nos revele las profundidades ocultas de la Torá, la conexión alcanzará su punto máximo y será completa.
Cuanto más fortalezcamos el vínculo, más rápido aceleraremos y completaremos la plenitud del vínculo, que se materializará con la Redención. Podemos fortalecer nuestro vínculo cada día, observando mejor las Mitzvot de la Torá y cumpliendo los deseos de "nuestra pareja", pero en Shavuot se nos da una oportunidad de oro para llevar el vínculo a tal nivel, que es como si el vínculo fuera creado de nuevo, y por ende, acercarnos mucho más a la Redención.
