En el ciclo laboral actual de 24 horas al día, 7 días a la semana, es fácil olvidar la necesidad de descansar. El almuerzo es un bocado rápido en nuestros escritorios. Revisamos nuestros teléfonos inteligentes las 24 horas del día y podemos trabajar desde cualquier lugar con solo una computadora portátil y conexión a internet. Esta conectividad tiene un precio: Después de 18 o 19 horas despiertos, la concentración y la atención disminuyen. El sistema inmunológico se debilita, nuestro estado de ánimo decae e incluso las personas más ocupadas y conectadas necesitan ir a dormir.
En respuesta, ha surgido una nueva generación de "pastillas para mantenerse despierto". A diferencia de los estimulantes más antiguos, como la cafeína o las anfetaminas, que activan todo el cerebro, estos fármacos actúan sobre zonas específicas del cerebro. El modafinilo, por ejemplo, aprobado por la FDA (Agencia para la salud pública en EEUU) para la narcolepsia, también lo utilizan los pilotos de la Fuerza Aérea en misiones de 40 horas.
Sin embargo, esto tiene un alto costo. Con el tiempo, la dependencia de los estimulantes disminuye la lucidez mental y desconecta la mente de su brújula interna. El cerebro necesita periodos de descanso para procesar información, crecer e integrar experiencias. El estado de alerta artificial puede llevar a una mente que apenas funciona y que, además, no comprende verdaderamente. El alma mueve el cuerpo, pero permanece dormida.
En términos espirituales, el exilio se compara con la noche, y la confusión del mundo se asemeja al sueño. La Gueulá-Redención, en esta metáfora, es un despertar a la verdadera realidad: La existencia del Ser Supremo.
Maimónides describe a quienes están espiritualmente dormidos como "durmiendo en el vacío del tiempo", vagando por la vida sin contenido interior ni rumbo, tropezando a ciegas en la oscuridad. Despertar a la Redención no es tan difícil como parece: Es tan sencillo como abrir los ojos. Una persona dormida está cerrada al mundo, mientras que una persona despierta lo ve todo con claridad.
El Rebe de Lubavitch, el profeta de nuestra generación, nos llama a abrir los ojos, a reconocer que el Mashíaj está listo para ser revelado. Todo aquello a lo que nos aferramos, cualquier otra "visión" que persigamos, es fugaz e irreal, nada más que un simple sueño. Como escribe el rey David: "Cuando Hashem haga volver a los cautivos de Tzion, seremos como soñadores" (Tehilim 126:1). En ese momento de verdad absoluta, veremos que todo lo que lo precedió -nuestras luchas y nuestras rutinas- no fueron más que un sueño.
Despierta. Abre los ojos. La realidad de la Redención está aquí ahora mismo, esperando ser revelada.
