Viene Mashíaj - La única web en español sobre la llegada del Mashiaj. El objetivo de la vida, hacer de este mundo una morada para Di-s. La llegada del Mashiaj es uno de los 13 principios de fe del pueblo judío. El Rebe de Lubavitch ha anunciado lo inminente de este fenómeno y está en nuestras manos lograrlo. ¿Como? Estudiando sobre el Mashiaj y la Gueulá. Creada y editada por Centro Leoded - Jabad Argentina
יחי אדוננו מורנו ורבינו מלך המשיח לעולם ועד
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Rabí Jaim ben Atar, el “Oraj Jaim” visita a las diez tribus perdidas e intenta traer al Mashíaj

Hipotético río Sambation al norte de Afganistán
Luego de una larga temporada de plegarias y purificaciones, le informaron desde el cielo a Rabí Jaim ben Attar, "el Oraj Jaim", que tiene la posibilidad de acelerar la Redención, siempre cuando tenga éxito en hallar a las diez tribus perdidas y activar junto a ellas la liberación.
¿Quiénes eran las diez tribus y cuándo y por qué desaparecieron?
En la época de la destrucción del primer Beit HaMikdash, el pueblo de Israel sufrió varios exilios y calamidades. Uno de los exilios es el “el exilio de Ashur (Asiria)”, en el cual fueron desterradas las diez tribus del pueblo, lejos de la tierra de Israel hacia un lugar desconocido.
Hasta hoy no conocemos donde está el lugar de alojamiento de las diez tribus y qué les sucedió, solo con la llegada del Mashíaj pronto en nuestros días, mereceremos volver a unificarnos con ellas como al principio.
Y así, luego de que Rabí Jaim Ben Atar escuchó esta noticia,
comenzó a intentar dilucidar e investigar el lugar donde se hallan, pero la búsqueda no dio sus frutos. Tomó la decisión de realizar ochenta y nueve ayunos, como el valor numérico de la palabra hebrea “Pada” que significa rescate y producir distintas fusiones de espiritualidad para producir efecto en los mundos superiores con la condición de que se compadezcan de él y le revelen el lugar.
Y ciertamente, luego de una purificación y una santificación a lo largo de un extenso período, le informaron desde los cielos como tendrá el mérito de concretar su búsqueda.
Rabí Jaim se preparó con emoción para este deseado encuentro con los miembros de las diez tribus perdidas. Rezó a Di-s para que lo ayude en su misión y salió hacia un largo camino. Muchos días Rabí Jaim anduvo por aquel camino que le revelaron desde los cielos hasta que en una víspera de Shabat llegó a un bosque de grandes dimensiones. Tomó la decisión de adentrase en el bosque y buscar un lugar acorde para pasar Shabat.
Luego de marchar un tramo de camino entre árboles frondosos, se asustó un poco al distinguir un hombre de gran altura que se dedicaba a cortar leña. “¡En honor del sagrado Shabat!” anunciaba, mientras colocaba un paquete de leños sobre sus hombros.
Cuando estaba listo para irse, se topó con la mirada de Rabí Jaim y su boca quedó abierta por la sorpresa. “¿Quién eres tú y de dónde has venido?” le preguntó. “¡Desde el exilio de Ashur ningún hombre ha caminado por aquí!”.
“Soy judío” contestó Rabí Jaim, que se llenó de alegría al darse cuenta que logró llegar al lugar correcto. “Fui enviado desde los cielos en una misión importante, que no puedo revelarte en este momento”, agregó.
Este hombre le respondió: “¡Siendo así, te llevaré de nuestro líder, quién indicará que hacer contigo, pues de acuerdo a nuestras leyes, quién penetra a nuestro reino tiene en primera instancia pena de muerte!, pero ahora ya es tarde y Shabat se acerca, por ello ven conmigo al Beit HaMidrash y luego vendrás a comer las comidas sabáticas a mi casa”.
En camino al Beit HaMidrash le preguntó Rabí Jaim a este hombre sobre lo que sucedió con las diez tribus y cuál era su situación en ese momento.
“Vivimos en esta tierra y ninguna nación o lenguaje nos domina, sino tenemos un líder propio que es quien nos dirige. Aquí vivimos con seguridad y cuando salimos a la guerra, nadie puede hacernos frente, pues es grande y numerosa nuestra población”, le respondió el hombre.
Mientras que hablaban llegaron los dos al Beit HaMidrash, donde ya se habían reunido las personas del lugar para la plegaria de Shabat. Rabí Jaim distinguió que eran todas personas de gran altura, tal como el hombre que conoció en el bosque y que lo invitó a disfrutar las comidas de Shabat en su casa.
Las personas que rezaban observaban con gran sorpresa a este hombre extraño “de baja estatura”, que apareció de pronto en el Beit HaMidrash. “”De donde llegó este hombre y como tuvo éxito en encontrar nuestro lugar?” pensaban en su intimidad.
Incluso el líder se llenó de sorpresa cuando notó la presencia de Rabí Jaim. Él decidió no darse a conocer a la visita y no hablar con él ni bueno ni malo hasta la salida de Shabat, cuando decidiría que hacer con este solitario invasor. Así, Rabí Jaim rezó, como una persona marginada, observada por miradas curiosas a cada instante.
Pero el hombre que lo encontró en el bosque no lo abandonó y al final de la plegaria reiteró su invitación pidiéndole a Rabí Jaim que viniera a comer a su mesa. Luego de comer, Rabí Jaim comenzó a estudiar con gran devoción y una enorme alegría mientras era observado por las personas de la casa con sorpresa.
En la noche, cuando el líder de las tribus se acostó a dormir, tuvo un sueño alarmante. En su sueño se reveló su padre desde el mundo de la verdad, con un rostro ofuscado reprimiéndolo con las siguientes palabras: “¡Oy, hijo, lo que hoy has arruinado. Este judío extraño que apareció en vuestro lugar, no es sino, el elevado tzadik, el más grande de su generación, Rabí Jaim ben Atar, que llegó con una misión sagrada desde la tierra de Israel! Por cuanto que has despreciado su honor y no te diste a conocer, esto se te ha considerado como un pecado y por esto fui sancionado incluso yo mismo, en el mundo superior, y desde la alta categoría a la que tuve el mérito de acceder, fui descendido a una categoría baja, lo que me provocó mucho sufrimiento. Por ello he venido a advertirte, hijo mío, que vayas de inmediato a ver a este tzadik sagrado y ¡le pidas disculpas pues has herido su honor!”.
El líder de las tribus se despertó de su sueño con un gran pánico. Enseguida corrió a buscar a Rabí Jaim por las calles de la ciudad. Cuanto se sorprendió el anfitrión al ver a su líder conductor tirado sobre los pies del invitado extraño, pidiendo perdón con grandes lágrimas.
“Por favor, perdóname sagrado Rabí, porque no me conduje contigo con el honor requerido” suplicaba el líder de las tribus. Rabí Jaim se levantó y le dijo con una voz tranquilizadora: “Te perdoné, hijo mío, te perdoné y no hay ningún resentimiento en mi corazón hacia ti”. Pero a pesar de esto, en los cielos hubo un juicio sobre el honor a Rabí Jaim y el líder de las tribus fue castigado por el desprecio con que se condujo y al otro día a la mañana este hombre partió de este mundo repentinamente provocando estupor en todos. Un pesado duelo cayó sobre la gente de las diez tribus que entendieron que había relación entre los acontecimientos que sucedieron.
El nombre de Rabí Jaim fue enaltecido en la boca de todos como una Santidad superior, pues desde los cielos demandaron por la ofensa que recibió sin demoras. La gente de la comunidad comenzó a reconocer su rectitud e incluso reveló su gran sabiduría en la Torá y en la Halajá.
Pero a pesar de la gran ponderación que comenzaron las personas de las diez tribus a brindarle a él, sintió Rabí Jaim que no era el momento acorde para revelarles la finalidad de su llegada y activar junto a ellos el modo de acelerar la Redención. Con sus fuerzas espirituales, Rabí Jaim entendió que debía desplazar la ejecución de la misión para otro momento y por ello decidió volver a su hogar. Las personas de la comunidad se despidieron de él con gran honor y no ocultaban su gran desazón. De hecho, este no era un momento apto para la Redención y desde los cielos detuvieron el final.

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