Estás trabajando en tu portátil como de costumbre cuando, de repente, aparece una pantalla amenazante: ¡SUS ARCHIVOS HAN SIDO CIFRADOS! NO PUEDES USAR TUS ARCHIVOS A MENOS QUE HAGAS CLIC EN ESTE ENLACE.
Al hacer clic en el enlace, accedes a una página que exige cientos o miles de dólares para desbloquear tus archivos y recuperar tu portátil. Además, si intentas eludir el rescate, los hackers amenazan con borrar todo tu disco duro.
Una nueva modalidad de ciberdelincuencia es el ransomware como servicio. Los programadores escriben código malicioso y lo venden a otros hackers, quienes pueden infiltrarse en otras redes, incluso sin conocimientos informáticos. Actualmente existen sofisticadas redes de ciberdelincuencia repartidas por todo el planeta que pueden "capturar" computadoras personales y controlarlos a distancia, incluso alquilándolos al mejor postor. Roban identidades y cometen delitos sin ser detectados. Incluso han logrado infiltrarse en grandes corporaciones y secuestrar sus redes.
Estos ciberdelincuentes están repartidos por todo el mundo, a menudo operando en países donde tales actividades no son ilegales. Capturarlos y llevarlos ante la justicia es prácticamente imposible, según expertos en seguridad informática.
Desde una perspectiva espiritual, nosotros también sufrimos una forma de "robo de identidad". La Torá, fuente de toda moralidad, verdad y justicia en este mundo, nos fue dada para guiar nuestras decisiones entre el bien y el mal. Sin embargo, a lo largo de la historia, impostores han secuestrado aspectos de las enseñanzas de la Torá y los han utilizado como tapadera para perpetrar actos de maldad. Ya sea mediante filosofías falsas, ideologías engañosas o versiones distorsionadas de la religión, estas fuerzas se apropian de la verdad para sus propios fines, oscureciendo la sabiduría Divina que sustenta la creación.
Este fenómeno se conoce en las enseñanzas jasídicas como la "Shejiná en el exilio". Las chispas de Santidad están atrapadas en manos de la impureza. Y al igual que el rescate exigido en el cibercrimen moderno, estas chispas permanecen cautivas, ocultas de su verdadero propósito.
Mientras que las fuerzas del orden siguen impotentes ante el auge de los imperios criminales en línea, las enseñanzas jasídicas ofrecen una solución espiritual. La clave reside en identificar el mal antes de que se propague y en refinar las chispas de Santidad atrapadas en este mundo. Cada Mitzvá que realizamos es un paso hacia la liberación de estas chispas y su retorno a su lugar legítimo. Este acto espiritual debilita el dominio del mal, hasta que -tal como decimos en nuestras oraciones de las Altas Fiestas- "el mal se disipará como el humo".
Con cada Mitzvá, por pequeña que sea, contribuimos a destruir las fuerzas de la impureza. Nos acercamos al final de este proceso, a medida que el reinado del mal llega a su fin. Lo único que nos queda ahora es "abrir los ojos" y recibir al Mashíaj en la realidad.
